Enviat per: João França | 24 Octubre 2008

Un escritor granadino…

Vaya con los dictadores… Visto en Escolar.net:

¿Han fusilado ustedes a escritores españoles de fama mundial?

Se ha hablado mucho en el extranjero de un escritor granadino; se ha hablado mucho porque los rojos han agitado este nombre como un señuelo de propaganda. Lo cierto es que en los momentos primeros de la revolución en Granada, ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra. Granada estuvo sitiada durante muchos días, y la locura de las autoridades republicanas, repartiendo armas a la gente, dio lugar a chispazos en el interior, en alguno de los cuales perdió la vida el poeta granadino.

Como poeta, su pérdida ha sido lamentable, y la propaganda roja ha hecho pendón de este accidente, explotando la sensibilidad del mundo intelectual; en cambio, esa gente no habla de cómo fueron asesinados friamente, con saña, que pone espanto en el ánimo más templado, don José Calvo Sotelo, don Víctor Prader, don José Polo Benito, duque de Canalejas, don Honorio Maura, don Francisco Valdés, don José María Albiñana, don Francisco Pradera, don Rufino Blanco, don Manuel Bueno, don Ramiro de Maeztu, don Pedro Muñoz seca, don Pedro Mourlane….”

Francisco Franco, dictador golpista.

El premio Nobel José Saramago sobre los restos de Federico García Lorca, el poeta innombrado:

Era inevitable que la recuperación de los restos de Federico García Lorca, enterrado como otros miles en el barranco de Viznar, en la provincia de Granada, se convirtiera rápidamente en auténtico imperativo nacional. Uno de los mayores poetas de España, el más universalmente conocido, está ahí, en ese páramo, en un lugar en el que prácticamente se tiene la certeza de que es la fosa donde yace el autor del Romancero Gitano, junto con otros tres fusilados, un profesor primario llamado Dióscoro Galindo y dos banderilleros anarquistas, Joaquín Arcollas Cabezas e Francisco Galadí Melgar. Sorprendentemente, sin embargo, la familia de García Lorca siempre se ha opuesto a que se realizara la exhumación. Los argumentos alegados se relacionaban, todos ellos, en mayor o menor grado, con cuestiones que podemos clasificar de decoro social, como la curiosidad malsana de los medios de comunicación, el espectáculo en que se convertiría el levantamiento de los huesos, razones sin duda respetables, que, si me permiten que lo diga, han perdido hoy peso ante la simplicidad con que la nieta de Dióscoro Galindo respondió cuando, en una entrevista en una cadena de radio, le preguntaron donde llevaría los restos de su abuelo, si acabaran por encontrarse: “Al cementerio de Pulianas”. Hay que aclarar que Pulianas, en la provincia de Granada, es la aldea donde Dióscoro Galindo trabajaba y la familia sigue viviendo. Sólo las páginas de los libros tienen vuelta, las de la vida, no.

Y para acabar, un poco de ese poeta granadino, un fragmento de Ciudad sin sueño:

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.


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