Enviat per: Artur Díaz Barbagli | 30 Setembre 2008

El tonto feliz en la narración.

Voy a escribir en castellano porque se me ocurrió todo cuando estudiaba la materia y porque me da la gana.

Estaba haciendo ejercicios de literatura, esos de describir personajes, en este caso personajes de fábulas. Me pedían de señalar los rasgos psicológicos de varios animalicos y había el típico mono – o búho – que tiene la razón absoluta, que sólo dice una frase en toda la fábula y todo el mundo le escucha en plan “coño habla un poco más y así no me como el tarro durante toda mi vida” pero evidentemente el prota –al que le cuestan más las cosas- tiene que seguir reflexionando y seguir su camino. Había el león, el rey, que le muestra clemencia a un ratón que después le salva de una red de un cazador. Yo le hubiera dicho que “por ahí, la próxima vez los aires de sultán peludo los dejas en tu puta casa, mamón”.

Hay el oso que sigue su camino, y finalmente ha llegado un personaje aun más típico en las fábulas: El cerdo subnormal. O la oveja subnormal, o el hombre gordo subnormal, o el pony azul subnormal. Creo que lo que importa en el personaje en cuestión ya hemos cogido consiste en que demuestre un cierto retraso mental o al menos poco sentido común, pero vaya, en las historietas estas para niños –y no tan niños- no se reprimen con eufemismos ni llaman a estos personajes por sus atributos positivos. De hecho van bastante a saco, y como tienen que ser personajes estereotipados pues a meterles gafas, hacerles gordos y demás, como si esto implicara que alguien es un inútil que te cagas sólo por ser miope, la de gordos gafotas que podría nombrar a los que no les llego ni a la suela del zapato. Bueno, lo de los atributos físicos que le hacen a uno parecer tonto ya entraré otro día.

El hecho es que personajes como Porky Pig de la Warner Brothers, el pato de “Pedro y el lobo”, las cabras del cuento de las cabritas y el lobo, todos son personajes absolutamente inútiles, imbéciles y tontainas. Pero aunque lo pasen mal en la mayoría de situaciones, son personajes que no sienten preocupación alguna en la vida, son puros también de corazón, amables, románticos y encima la suerte les bendice más que a nadie. Que en vez de comerte el lobo seas tan tonto como para quedarte dormido dentro e un árbol y prevenir así tu muerte como el pato de “pedro y el lobo” o como las cabritas, que son tragadas una a una y creo que eran 7. ¡Madre mía, ni una vez ha cerrado la mandíbula comiendo 7 ovejas el lobo, que figura!

Está claro que tienen que las fábulas terminar bien, pero… ¿Por qué se le hace un elogio a la estupidez en las fábulas? ¿Tengo que interpretar que la felicidad nace de pensar menos en basura metafísica y abstracta?

¿Aunque la vida sea más dura que en las fábulas, la ignorancia o retraso mental en un ambiente propicio puede de verdad evitar dolores de cabeza al individuo en cuestión?

Si es que estos personajes literarios nunca murieron, ni dentro ni fuera de los libros. Otros ejemplos más recientes son Peter Griffin de “Family guy” que no le van de coña las cosas pero vaya, es feliz en una casa de dos pisos y una familia que te cagas, aunque todos algo “diferentes”, pero son gajes de las series de humor. El mejor ejemplo es Homer de “The Simpsons”, que hasta sale un personaje en la misma serie que le tiene envidia por ser retrasado y tener una vida tan fantástica.

Y es que la virtud verdadera de estos personajes no es exactamente la ignorancia o algo de discapacidad intelectual. Es algo que pienso que se puede cultivar, es una inocencia, unas ganas de vivir la vida día a día porque sabes que mañana será otro día y que puede pasar lo que sea. La inteligencia nos permite, a los que realmente parecemos idiotas, planearnos y vivir para un futuro, un destino, algo ya de por sí contradictorio y que lo único que nos hace es desviarnos de lo que realmente habría que vivir: la vida.

Con esto no quiero decir que la inteligencia o la sabiduría sean una lacra o algo despreciable, pero creo que en general jugamos mal nuestras mejores cartas. Y es una pena.


Responses

  1. Ya lo dice la Bíblia. Cito a Mateo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.”

    La ignorancia suele comportar la felicidad, por supuesto. Pero volvemos a recurrir a la obra de Huxley, a ese mundo tan feliz. Y yo me planteo: ¿vale la pena?

    ¿Nos lo quieren transmitir desde niños? ¿Por qué negarlo? Vuelvo a citar la Bíblia, tan importante para entender nuestra sociedad. En el mismo Génesis la serpiente le abre los ojos a la mujer sobre el árbol del bien y el mal: “Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal.”

    Nuestra religión (y ya no digo “nuestra” a nivel personal sino cultural), nos enseña a preservarnos de las inquietudes intelectuales, ellas nos han quitado el paraíso.


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